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Diseño audiovisual con propósito. La importancia de integrar la tecnología desde la fase de concepto.

Alberto Arranz

Alberto Arranz

Co-CEO, Director Comercial & Marketing en TECCO

La tecnología audiovisual suele integrarse como un parche de última hora en los grandes proyectos arquitectónicos. Esta reflexión aborda el error de diseñar espacios sin pensar primero en el caso de uso y defiende la necesidad de integrar la ingeniería audiovisual desde la fase cero del proyecto. La tecnología no debe condicionar el espacio; es el propósito y la experiencia lo que debe dictar la tecnología.

Diseño audiovisual con propósito. La importancia de integrar la tecnología desde la fase de concepto.

Llevo años llegando tarde a los proyectos.

En mis casi 15 años en el sector audiovisual hay una sensación recurrente y es la de estar llegando tarde a los proyectos. Y no es un problema de agenda o de planificación, ni siquiera de las tomas de decisión que se vuelven eternas. Se trata de un mal endémico de nuestra industria.

Los que nos dedicamos a la tecnología, y muy en concreto a la integración audiovisual, nos hemos acostumbrado a ser el último invitado a la fiesta. Nos llaman cuando el proyecto ya está entrando en su recta final, las paredes están terminadas, las canalizaciones cerradas y el mobiliario entrando por la puerta. Y justo en ese momento, mirando una pared inmaculada a un mes de inaugurar, alguien carraspea y suelta la bomba: "Oye... tendremos que poner tecnología, ¿no?"

Y ahí comienza el drama. Un proyecto arquitectónico singular se convierte en la fiesta del parche.

El peligro de la tecnología "al peso"

De repente, nos sentamos a discutir presupuestos de decenas o cientos de miles de euros. A menudo, influenciados por tecnologías que hemos visto en otros espacios —que pueden no tener nada que ver con el nuestro— y que nos impactaron tantísimo que queremos replicarlas sin pensar en su propósito real.

Nos obsesionamos con resoluciones, ese pixel pitch que ni un halcón distinguiría o niveles de brillo que podrían broncearte. Comparamos hojas técnicas como quien escudriña las especificaciones del próximo smartphone de gama alta que se va a comprar. Pero casi nadie se detiene a hacer las preguntas básicas que de verdad importan antes de encargar un solo equipo: ¿Cómo queremos que la tecnología transforme este espacio? ¿Cuál va a ser el caso de uso? ¿Qué experiencia queremos que viva el usuario?

Meter hardware al peso y con calzador sin definir primero el caso de uso es firmar un fracaso a plazos y una frustración futura asegurada. El resultado lo conocemos todos:

  • Integraciones que duelen a la vista y rompen la armonía estética del espacio.
  • Equipos instalados en un entorno hostil porque a nadie se le ocurrió que la tecnología también respira.
  • Líneas de diseño arruinadas por cables que asoman por donde no deben.
  • Un cliente final frustrado con un ecosistema audiovisual carísimo que nadie en su equipo sabe manejar.

La tecnología nunca debería ser un "pegote" que condicione un espacio. Es la creatividad, el diseño y la experiencia en sí misma lo que debe dictar la tecnología.

La magia de la fase cero

Por eso en TECCO somos tan insistentes (por no decir pesados) con entrar en los proyectos desde la fase conceptual de los mismos. Nuestro valor real como expertos en la materia es estar sentados en la mesa cuando el proyecto es solo un café y un folio en blanco.

Sin entender primero el propósito del espacio, la magia solo sucede por casualidad. Estar en la fase cero es lo que nos permite diseñar la integración desde la raíz, calcular volumetrías y ocultar lo que no se debe ver para convertir el ecosistema audiovisual en auténtica arquitectura invisible.

El contenido, el otro gran caballo de batalla

Esta es otra de las guerras habituales en nuestro sector. Clientes que invierten muchísimo presupuesto en infraestructuras visuales espectaculares, pero no se detienen a pensar en cómo van a "alimentarlas". Es la crónica de una muerte anunciada.

El despliegue de ingeniería más espectacular del mundo, sin un contenido creado nativamente para darle sentido visual, es en muchas ocasiones solo "un rectángulo negro muy caro" colgando de la pared.

La ingeniería del propósito no se improvisa

Si queremos dejar de vender "pantallas y altavoces" y empezar a crear espacios verdaderamente inmersivos y transformadores, tenemos que exigir nuestro asiento en la mesa de diseño desde el primer día. La ingeniería del propósito, la creatividad y el pensamiento out of the box no se improvisan en la última semana de obra.

A los arquitectos, interioristas, integradores y consultores que me leen: ¿cuántos disgustos, sobrecostes y cables feos nos ahorraríamos si la tecnología dejase de ser, por fin, el parche de última hora?

¿Quieres transformar un espacio a través de la tecnología? Tomemos un café y diseñemos sobre ese folio en blanco.

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